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yoneaboccardo's Blog

The process of understanding Life Dimensions, just as it is…

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September 2016

¿CUÁL ES TU POSICIÓN DE REZO?

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Martin Seligman, uno de los pioneros de la psicología positiva, nos habla de 3 tipos de felicidad posibles en todas las personas:
la felicidad enfocada en el placer y disfrute,
la felicidad enfocada en el compromiso o implicación (en inglés el término es más exacto “engagement”)
la felicidad enfocada en el significado y la trascendencia

Cuando pensamos en las cosas que nos generan bienestar, me encuentro en los meses recientes con mi experiencia personal de verme haciéndome una vez más esta pregunta:
¿A qué entrego mi vida?
Y bajo esta pregunta surge una subyacente: ¿Qué me hace poner los pies en la tierra y sacarme de mi microuniverso de fantasías e ilusiones?

La respuesta que obtuve fue sencilla e inmediata cuando en mi práctica del Yoga pude meditar estas preguntas en mi posición de rezo. Saltó de un soplón generándome un alivio inmaculado la respuesta, y allí entendí que la relevancia y el significado de la posición de rezo del Yoga es igual a mi respuesta a aquello que me produce felicidad desde mi mayor grado de implicación humana.

Namaste, es la forma de saludo de la cultura India, que significa “me inclino ante tí”. Lo hermoso de este saludo es que alude, en su significado espiritual, a la posibilidad de negarnos o reducir nuestro ego ante la presencia de otro.

Si trasladamos el saludo a aquello a lo que entregamos nuestra dedicación en la vida, nuestro tiempo y nuestro aprendizaje, podremos hacernos esta pregunta desde el sentir:
¿Frente a qué me presento humilde? ¿como alguien que está aprendiendo y quiere hacerlo de la mejor forma? ¿Qué me lanza mi cable a tierra y me saca de mi egolatría, mi egoismo y mi megalomanía? ¿Frente a qué me siento vulnerable y compasivo al mismo tiempo?

Ahora bien, agreguemos a esto: salir un poco de nuestro espacio de egocentrismo, conectarnos con el otro y con lo otro desde una posición humilde, donde nos comprometemos grandemente, implicándonos en su bienestar, en sus logros, en sus cambios, o en aquello que para ese otro sea importante, eso, en sí mismo nos hará felices.

En la entrega y la devoción está parte de nuestra felicidad.

 

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LA TINTA INDELEBLE DE LA HUELLA PERSONAL

La vida transcurre bajo el manto del tiempo, las rutinas y los hábitos. No sólo los hábitos personales sino los sociales, que nos dan orden, nos estructuran y a veces nos llevan a olvidarnos de la razón y fundamento de lo que hacemos en este plano llamado vida.
Si la vida es sólo pasar por aquí unos tantos menos de 100 años y ya, pues a qué caso vendría esto, no?
Como todos los mortales sabemos y sentimos en distintos momentos de nuestras experiencias vitales, estamos aquí para algo más que transitar por el tiempo. Estamos a la vez para transitar por la experiencia del aprendizaje propio.

Cada uno desde su esencia, viene con su huella personal, marcada en tinta indeleble. Está y no está. Estamos y no estamos en nosotros.
Para estar dentro de nosotros mismos, reconociéndonos sin espejos ajenos, ameritamos tiempo de aprendizaje. Para saber quiénes somos, cuál es nuestra esencia, nuestra huella personal, tan propia como nuestra huella dactilar, para conocer nuestra cimática, habemos encontrarnos en el silencio con nosotros mismos, desde un centro ergido de energía y fuerza, pero no aquella de la soberbia, la onmipotencia y la vanidad.
Este centro que somos cada uno de nosotros, este mensaje personal que traemos, está en nosotros de principio a fin.
El padecimiento humano viene de nuestra propia enajenación. Mientras más perdidos estamos, menos nos estamos reconociendo, y surge el miedo, son tantos que nos agobian, y nos enconchamos, nos resguardamos en el cascarón de lo conocido y lo nombrado por otros.
El bien y el mal de los otros, de los pueblos, de las civilizaciones y los códigos de ética y legales de cada Estado. Nos enajenamos pero al menos convivimos entre todos.
Y acaso eso será suficiente? la simple supervivencia en lo conocido será suficiente?
Es obvio que no verdad? sino no seríamos tantos y todos en distintos momentos rebusando dentro y fuera de nosotros algo más, que no es la satisfacción ni la felicidad sino la esencia, la huella personal.
Quien se encuentra en su centro podría encontrarse en un estado mental de mayor lucidez, de mayor resonancia interna, de mayor claridad en general, donde los afectos pasan a un plano más contenible, se los observa, se les deja respirar pero no agobian, fluyen y pasan y ya está, pues el camino es otro que no el estancamiento. El camino es el propio, el mío, el del sí mismo, que ningún otro comprende. Es casi siempre en solitario pues nadie tendrá tu exacta huella personal aunque otros puedan verte y respetarte desde donde estás, pero nunca podrán meterse en tí de lleno ni navegar a sus anchas, pues tú eres único e irrepetible.
Vaya que suena romántico pero no lo es tanto, pues en la soledad se pasa por el desapego, la soltura y la libertad. Los budistas llaman a su camino aquel que lleva a la iluminación y la liberación. Nos iluminamos en lucidez y obrando desde el bien propio, la ética pasa a ser completamente personal aunque aterre, todo es de responsabilidad propia, se acaban las ezcusas. La liberación es la soltura de los apegos, los miedos, a veces hasta los afectos y vínculos íntimos y lejanos en la dimensión que suelen tener en la mayoría de los humanos.

Aún para mí está por entender el sentido de este sentido..

Iremos pensando..

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