La experiencia de Ser uno mismo es ineludible a la existencia, se es siendo.

Amanece y ya hemos descansado del Ser Consciente por unas horas para encontrarnos con nada menos que el Ser Inconsciente en el espacio del sueño. Ambas son experiencias que se vivencian a través del Yo.

Este Yo es dinámico, tiene existencia en movimiento. Se piensa, se siente, se ve, se intuye. Se experimenta. No sólo a sí mismo como parte del Sujeto, sino al todo del Ser engranado, encajado y desencajado a la vez.

El sufrimiento abre paso a conocer los desencajes internos. Ahí nos conocemos con más consciencia, porque nos toca vernos a la cara a nosotros mismos, nos toca preguntarnos qué nos pasa? Y cómo hemos llegado a sentir esto? Nos toca preguntarnos quiénes somos? De qué, por qué padecemos?

Este es el proceso más común en lo elusivos del Ser. Aquellos que unos llaman vinculados al exo-cuerpo, más conectados con el afuera que con el adentro, incluso más conectados con los otros que consigo mismos.

Otros son más afortunados. Han escogido el camino del autoconocimiento y la autoexploración en un sentido positivo y consono consigo mismos. Meditadores en general, toman distintas disciplinas filosóficas, religiosas, mentales, físicas y espirituales. Van descubriendo su magia interna a un paso distinto, buscando integrar todas las dimensiones del Ser, al mismo tiempo que explorando su vínculo con el mundo, la naturaleza y el universo.

El proceso es complejo, la humanidad no ha diseñado un camino integral y unívoco para ello, por el contrario, los caminos son diversos y suelen hacer más peso en una u otra dimensión del Ser, e incluso cada cual asienta su método en una filosofía del Ser que finalmente sera una visión inevitablemente parcial, como lo podrá ser nuestra experiencia y conocimiento. Esto no es mal de morirse, al contrario. Saber aceptar la castración del Sujeto será una de las herramientas para tolerar la incertidumbre, la frustración, el sin sentido, y la angustia vinculada a todo ello.

El Psicoanálisis, el análisis del Alma, terminó por conformarse (y no por conformista sino por la necesidad de su tiempo como disciplina incipiente del momento) al análisis de la Mente. La mente será a mi entender de hoy tan sólo una parcialidad del Ser.

Hoy día respeto mucho más que antes los diferentes caminos que llevan  al encuentro con Uno Mismo. El camino de la Mente no es necesariamente mi predilecto en términos del experimentar pero sí en el procesar y entender.

Sin embargo, veo en la vía del encuentro con el cuerpo un camino poco reconocido aun por los psicólogos en su capacidad integradora del Ser.

El cuerpo como asiento de Mente y Alma, fundamento sobre el que se baten todos los ingredientes, merece un momento de reflexión en algunas de sus funciones:

  1. La más escalofriante para los escépticos del Alma: el Templo. El cuerpo merece estar sano y ser tratado lo mejor posible para estarlo. Quien padece en el cuerpo tendrá mayor empatía con este punto pues sabe lo que padecer implica a su Ser, sin necesidad de victimizarse.
  2. Ágil: el cuerpo merece estar en las mejores condiciones para el movimiento. Debe poder ser veloz cuando lo requiere y debe poder saltar, agacharse, ascelerar, detenerse y torcerse si lo requiere. El cuerpo debe poder moverse lo más fácilmente que pueda y de la mejor manera que tenga cuando lo requiera. Sin tanto sufrimiento.
  3. Flexible: el cuerpo debe tener la capacidad de estirarse y doblarse. Debe tener plasticidad, capacidad para responder positivamente al cambio.
  4. Serenarse: el cuerpo debe aprender a respirar y calmarse a sí mismo. Saber estar consigo mismo a solas y en paz, sin necesidad de otro elemento mediador (persona, idea, objeto o sustancia).
  5. Reposar: El cuerpo debe poder reposar y disfrutar de la quietud, del silencio. El cuerpo debe poder descansar en paz.
  6. Tolerar el dolor: el cuerpo debe ser fuerte para tolerar el padecimiento inevitable de la vida. Los tropiezos y el deterioro. Esta a mí modo de ver es la realización más alta de las escalas de relación con el propio cuerpo. El manejo del dolor, sea por un padecimiento momentáneo o por un deterioro en proceso, es la condición más compleja de manejar. Quien aprende a tolerar el dolor, a mitigarlo y hasta controlarlo será un Maestro de su cuerpo. Aceptará su deterioro mortal cuando llegue como pocos otros.
  7. Oxigenarse: la experiencia de respirar. Aprender a inhalar vida y expulsar malestar y muerte. Liberar tensiones y relajarnos, reír desde el estómago hasta que duela. Aprender a incorporar paz, alegría y disfrutar con naturalidad, sin esfuerzo, a plenitud.

Quien aprende a manejarse en su cuerpo en estas funciones estará al mismo tiempo aprendiendo a lidiar con los avatares de su Mente y estará dando espacio al encuentro con su Alma. El encuentro fluido con el Alma está entorpecido por los conflictos de la mente, sin necesidad de hablar de patologías.

Puede ser incómodo para un psicólogo o psicoanalista pensar sobre estas cosas, ya que es la salida de las filosofías y los Marcos clásicos de referencia. Nos pone el espejo de frente directamente.

Cada quien tiene un timing, cada uno anda en su propio proceso y atravesando su propia experiencia. Unos con caminos más atormentados por la mente que otros. Otros con caminos más dolorosos en el cuerpo. Y unos más con mayor o menor encuentro espiritual.

Cada quien en su tiempo y en su momento. Idealmente en camino de crecimiento, algunos estancados en su proceso. Esos, preferiblemente que busquen ayuda, del orden de sus necesidades. Se dice comúnmente: no todo el mundo necesita terapia, y es cierto. A veces el acento podemos ponerlo de manera más acertada en otro lado.

Lo que no deja de tener la terapia es el diálogo con el que experimenta todo, el Yo. Ahí estamos compartiendo en la terapia cómo es esta cosa de Ser siendo nosotros mismos. Ahí vamos aprendiendo, vamos conprendiendo y vamos integrando las partes desde lo mental.

El camino que menos recorre la terapia, por sus teorías aun poco desarrolladas para eso, es el camino del encuentro Espiritual. Quizas porque se lo hemos dejado a otras disciplinas. Quizas porque no hay consenso científico de la existencia del Alma. Quizas porque nos da miedo meternos en camisa de once varas. Quizas por desconocimiento, porque somos aun una disciplina joven, y hasta ingenua. No se lo puede ser todo ni tener todo.

Mi sugerencia es que integremos las vías y no las consideremos incompatibles ni inconexas. Al final todo se experimenta en el Ser global.

Las sensaciones las percibe el cuerpo. Las palabras se las pone la Mente. Y los sentimientos los experimenta el Alma.

En el acompañamiento del Ser en el proceso de terapia no podemos pecar los analistas y terpaueta de barrar al sujeto con la sóla mirada mental, nuestra amplitud debe ser global, y aunque no intervengamos en esas otras áreas, debemos perder el temor a escucharlas, debemos aprender a acompañar al sujeto a desarrollarlas, a su tiempo y en su forma. image

 

 

 

 

 

 

 

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